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Un viaje para comprender a miles de aves

  • 18 may 2025
  • 4 min de lectura

El rastreo y estudio de las migraciones


Al inicio del otoño, cuando el viento se vuelve más frío en el estuario del río

Gallegos, comienza una historia de viajes desafiantes. Aves diminutas, como el

Playero rojizo (Calidris canutus rufa) y la Becasa de Mar (Limosa haemastica),

inician un recorrido colosal que las llevará desde el sur de Sudamérica hasta la

tundra ártica en el norte del continente.


El Playero rojizo, la subespecie que llega desde el Hemisferio norte a las costas

del estuario del río Gallegos, es un ave que se le conoce como el Ave de la Luna,

ya que mediante el anillado de uno de los individuos de la especie, el B95, fue

posible constatar que los kilómetros que voló ese pequeño ejemplar uniendo los

hemisferios norte y sur del continente americano supera la distancia de la Tierra a la Luna.


En esta temporada, mientras estas especies ya partieron rumbo al hemisferio

norte para reproducirse, el Lic. en Ciencias Biológicas Mauro Ricci (33), que

integra desde hace cuatro años el Equipo de Conservación de la Asociación

Ambiente Sur, viajó hacia la Bahía de Delaware (EE.UU.), donde llegan las aves

playeras migratorias neárticas o continentales. Específicamente, Mauro realiza

una capacitación para el anillado y rastreo satelital de aves, herramientas

fundamentales para el estudio de las migraciones y las poblaciones de playeras.



El Lic. en Ciencias Biológicas Mauro Ricci, del Equipo de Conservación de Ambiente Sur, realiza una capacitación para el anillado de aves en la Bahía de Delaware (EE.UU.).


Ya en el terreno y en sucesivos recorridos por la Bahía de Delaware junto a sus

anfitriones, pudo avistar bandadas de especies de playeras que están arribando al sitio, así como a los Cangrejos herradura en período de desove, uno de sus

alimentos principales. Mauro expresó su asombro e impresiones: “Esta es una

oportunidad única que me permite conocer nuevas metodologías que son

fundamentales para la investigación y el conocimiento de diferentes aspectos

relacionados con las migraciones de las aves, que podrán ser aplicadas desde

Ambiente Sur en nuestras especies focales y aportar a su conservación”.


“Desde lo personal, agregó, esta capacitación es excepcional ya que tuve que

viajar más de 10000 kms., cruzando el continente y escapando del frío patagónico hacia el calor del hemisferio norte, tal cual como lo hacen las aves migratorias. Tener la oportunidad de verlas en dos puntos tan distantes, en ambientes tan diferentes y poder seguir su ruta es increíble y, además, compartir esta experiencia con otros profesionales de diferentes países de Latinoamérica con la misma pasión por las aves y las ganas de aprender”.


En su primer día de trabajo realizando anillado de aves, Ricci indicó: “aprendimos

a poner redes de niebla (mallas o redes tejidas) para capturar al Playerito enano

(Calidris pusilla). Atrapamos 6 y todos tuvimos la oportunidad de poner las

banderillas” para el anillado. Asimismo, Ricci participó en la colocación de

transmisores satelitales CCT de la Red Motus que permite rastrear en tiempo real

las migraciones. Una de estas antenas ya funciona en el estuario del río Gallegos

gracias a la instalación realizada por Ambiente Sur.


Entre los avistamientos realizados por Ricci se observaron bandadas de más de

1000 Playeritos semipalmados, así como 3000 Playeros rojizos en Cooks Beach

dentro de la Bahía de Delaware. Ricci señaló al respecto que se trata de “un

sector que está cerrado al paso de todo tipo de circulación durante todo el mes de mayo por ser un importante punto de parada”. Durante el Día Mundial de las Aves Migratorias, el 10 de mayo pasado, el equipo registró 90 especies en estos sitios.


Un equipo de conservación tiende redes de niebla para anillar aves playeras en EE.UU., con el fin de estudiar y comprender sus migraciones.


Tecnologías que revelan rutas invisibles

Para el rastreo y seguimiento de las aves y sus movimientos migratorios se utilizan fundamentalmente dos técnicas, complementarias entre sí: el anillado de aves y la colocación de TAGs, geolocalizadores satelitales. El uso de anillos tiene mayor antigüedad en la investigación científica que el rastreo satelital pero ambas técnicas son utilizadas en combinación, con la diferencia de que la tecnología satelital posee una vida útil más corta.


Durante el anillado, cuando se captura a un individuo se registra cuándo y dónde se lo hizo, además de otras observaciones como sexo y edad. Luego, antes de su liberación, se procede al anillado señalando al individuo con un número único en el mundo y, si llega a ser observado o capturado otra vez, su número y toda la información original conocida sobre ese ejemplar puede ser recuperada y comparada con los datos actuales, lo cual indicará qué tan lejos ha viajado el ave o cuánto tiempo ha vivido. También se hace marcaje con anillos de distintos colores según el país para facilitar el reconocimiento de los individuos o con los geolocalizadores satelitales.


El anillado también permite investigar qué ambientes o lugares utilizan las aves,

cuáles son los sitios de parada durante la migración y, potencialmente, analizar la esperanza de vida de un individuo o extrapolarlo a la población ya que se anillan también pichones.


Esta capacitación permite a Ambiente Sur seguir fortaleciendo el

conocimiento técnico local y sumar herramientas para conservar las

especies migratorias que llegan cada año a la bioregión de la Patagonia

austral.

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