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Las aves playeras se preparan para partir al hemisferio norte

  • 6 abr 2025
  • 3 Min. de lectura

Estuario del río Gallegos - Despedimos a las aves migratorias continentales


Una pequeña ave, de apenas 22 cm pero robusta, es avistada por estos días en el estuario del río Gallegos en gran número. Se la puede ver generalmente en la zona intermareal, siguiendo la línea de marea y alimentándose de invertebrados, principalmente de una almeja que abunda en el estuario. Cuando la marea está alta, descansa en las zonas de marismas. Mientras lo hace, permanece inmóvil y, en esos momentos, bandadas de cientos de individuos pueden pasar fácilmente desapercibidas.


Este ave playera descansa y se alimenta en el estuario del río Gallegos donde hace escala para prepararse para un viaje continental de 16.000 kilómetros. Hablamos de los Playeros rojizos (Calidris canutus rufa), que llegan desde Tierra del Fuego y comienzan el regreso hacia uno de los puntos más boreales para las aves migratorias, muy cercano al Polo Norte.


Luego, entre junio y agosto, durante la primavera y verano boreales, nidifican en el hemisferio norte, donde se produce el cambio de su plumaje nupcial, aunque a veces se los puede observar a fines de nuestro verano cuando comienzan a cambiar sus plumas, que toma una coloración más llamativa ya que el pecho se torna progresivamente rojizo.



Playeros rojizos y Becasas de Mar descansan y se alimentan en el estuario del río Gallegos antes de partir hacia el hemisferio norte.


Otra de las especies de aves playeras y migratorias continentales que en esta temporada comienzan su migración hacia el norte del continente americano, es la Becasa de mar (Limosa haemastica). El viaje de la Becasa parte desde el hemisferio norte y, en su migración hacia el sur en la primavera y el verano australes, llega hasta la Bahía de San Sebastián en Tierra del Fuego, una de las principales áreas de concentración no reproductiva, entre octubre y diciembre, haciendo un paso por nuestro estuario para alimentarse y descansar. En su retorno al hemisferio norte, donde nidifica, vuelve a visitar las costas locales a partir de mediados de febrero hasta mayo, para retornar nuevamente al norte.


Podemos reconocerla por su tamaño, mide 37 cm, y por tener un pico largo, de 8 cm, con una leve curvatura hacia arriba característica de esta especie. Las patas también son largas y la coloración general del cuerpo es gris parduzca. El pecho y vientre son de un gris claro, casi blanco.


Además de las mencionadas, otras especies de aves playeras migratorias de larga distancia que pasan su temporada de invernada (nuestro verano) en las costas del Estuario del río Gallegos, son el Playero trinador  (Numenius phaeopus), el Playerito unicolor (Calidris bairdii), el Playerito rabadilla blanca (Calidris fuscicolllis), el Playerito blanco (Calidris alba) y el Falaropo común (Phalaropus tricolor), que son visitantes habituales de las marismas intermareales del Estuario, donde se alimentan y reponen fuerzas para su extraordinario viaje, a menudo mezcladas con otras playeras que permanecen todo el año en el estuario local.


El pasado 1 de abril se registraron 122 Playeros rojizos en las costas del estuario del río Gallegos, a los que se observa junto a otras aves playeras neárticas.


Acumulando fuerzas para un viaje continental

Las aves playeras deben realizar los preparativos necesarios para un viaje migratorio de miles de kilómetros. Hacia el final del verano es el momento para acumular las reservas de grasa que les servirán de combustible para el largo trayecto, mudarán sus plumas y aumentará la potencia de los músculos del vuelo para asegurarse un vuelo ágil y eficiente.


El más importante de estos preparativos es la acumulación de una gruesa capa de grasa subcutánea, aun cuando efectúen escalas para alimentarse. Los significativos aumentos de peso que realizan son el resultado de cambios de comportamiento desencadenados por variaciones de la actividad hormonal. Cuando el ave haya terminado de acumular grasa y se disponga a migrar, la proporción del peso corporal correspondiente a los músculos de vuelo, probablemente se habrá reducido de un 15% a un 12%, pero el peso de los músculos habrá aumentado unos 3 gramos.


Si ocurriera que el ave tuviera dificultades en avanzar, por ejemplo, por vientos en contra, y se quedara sin combustible en el trayecto, puede transformar parte de ese tejido muscular suplementario en combustible para poder seguir viaje.



SNC-06/04/25

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