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Agachona Chica: el sonido de la Patagonia en primavera


El estuario del río Gallegos tiene, entre sus importantes funciones como sistema natural, la ventaja de contar con una alta riqueza en fuentes de alimento que lo constituyen en un sitio de descanso y alimentación para miles de aves playeras durante sus movimientos estacionales, así como un destino final para otras especies.

Entre las playeras migratorias, las aves de la familia Thinocoridae son aves pertenecientes a un grupo estrictamente andino y patagónico, no representado en ningún otro lugar del mundo. A este grupo pertenece la Agachona Chica (Thinocorus rumicivorus), una especie común, es decir que ha sido avistada en todas las visitas realizadas a sus hábitats.

Es pequeña, mide 18 cm y su apariencia es similar a un pequeño chorlo, de patas muy cortas. En la zona, se las conoce con el nombre común de corraleras o poroteras y sus vocalizaciones casi constantes son uno de los sonidos típicos de la Patagonia durante la primavera. El nombre de Agachona proviene de su costumbre de agacharse para camuflarse. Se trata además de una especie muy importante como agente polinizador de varias plantas de la estepa.

En cuanto a su aspecto, se la reconoce por el dorso aperdizado, con motas crema y acaneladas que le dan un patrón distintivo y las hace muy miméticas. Los machos tienen el pecho gris, la garganta blanca y una corbata negra que la rodea y luego desciende por el centro del pecho ensanchándose. Las hembras, por su parte, tienen todo el pecho de similar coloración al dorso. Ambos tienen las partes inferiores blancas. Al volar muestran una banda blanca y una oscura, que le son características, en las partes interiores de las alas.

Su hábitat es la árida estepa patagónica con coironales escasos y pedregales, muy asociada a los caminos donde se alimenta. Por ser un ave de pastizal, es posible avistarla en la Reserva Costera Urbana, en la Reserva Provincial de Aves Migratorias y en Punta Loyola. Pueden ser observadas incluso en la misma ciudad de Río Gallegos

Mejor correr que volar

En cuanto a su comportamiento, la Agachona Chica es muy confiada y prefiere correr a volar porque lo hace muy bien. Generalmente se la ve en bandadas, en ocasiones hasta de 100 ejemplares. Al estar tan asociada a los caminos, se convierte en un ave fácil de detectar, ya que levanta vuelo frente al paso de los autos, realizando un vuelo errático y rápido, mostrando sus alas puntiagudas y su particular coloración.

Este ave nidifica entre septiembre y febrero, con varias puestas por temporada. El nido es una simple depresión en el suelo, en ocasiones cerca de algún coironal o también en zonas sin protección. Sólo las hembras incuban y cuando tienen que dejar el nido por alguna razón, cubren los huevos con pastos para ocultarlos. Los pichones son nidífugos, rápidamente abandonan el nido y pueden seguir a sus padres en busca de alimento.

En cuanto al cortejo nupcial, éstos son muy característicos porque los machos vocalizan desde promontorios muy elevados, 40-50 metros, para dejarse caer con las alas extendidas mientras vocalizan constantemente.

La Agachona Chica se la puede encontrar desde Mendoza en toda la Patagonia. En nuestro país, la mayoría de ellas migra a las pampas durante el invierno, mientras que en Chile, siguiendo la cordillera de los Andes, llegan hasta el sur de Perú.

La importancia del ecosistema del estuario del río Gallegos radica en albergar en determinados períodos a más del 10 % del total mundial de población de algunas de las especies de aves playeras, varias de ellas de alta prioridad conservacionista dada la constante disminución de sus poblaciones. Por este motivo, fue declarado Sitio de Importancia Internacional para la protección de las aves playeras migratorias en 2005, forma parte de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras y es un sitio AICA (Área de Importancia para la Conservación de las Aves) de nuestro país.

El estuario que aloja esta increíble biodiversidad, se encuentra orientado de oeste a este, extendiéndose desde el paraje Güer Aike hasta su desembocadura en el Océano Atlántico, que ocurre entre Punta Bustamante y Punta Loyola. En él también desemboca el río Chico, conformando un estuario de menor extensión pero de gran importancia para las aves. Las mareas promedian 5,5 metros, en tanto que las extraordinarias llegan a 12-13 metros.

Este ambiente está protegido por dos áreas: una de jurisdicción municipal, la Reserva Costera Urbana (R.C.U.) de Río Gallegos, de aproximadamente 1300 hectáreas, que incluye dos sectores destinados a uso recreativo, turístico y educativo: la costanera local sobre el río Gallegos y otro sector de acceso al público sobre el río Chico; la segunda es de jurisdicción provincial, colindante a la reserva municipal, y se denomina Reserva Provincial para Aves Migratorias. La primera Reserva Natural Urbana de Río Gallegos fue instituida mediante la ordenanza municipal Nº 5.356, sancionada por unanimidad el 16 de setiembre de 2004.

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