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Asociación Ambiente Sur

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Interrumpir el vuelo para que sigan volando


En Río Gallegos, tenemos el privilegio de ser uno de las áreas de descanso y alimentación para miles de aves playeras, migratorias continentales y patagónicas, siendo por esto destacado nuestro estuario como un Sitio de Importancia Internacional para su conservación. Los humedales costeros son ambientes esenciales para sustentar poblaciones de aves playeras, algunas de las cuales recorren entre 25.000 y 30.000 kilómetros entre el Ártico, donde se reproducen, hasta la costa patagónica sur en la primavera y verano australes.

Una de las rutas migratorias más conocidas es la que realiza el playero rojizo. Un caso emblemático de estudio de esta especie es el individuo conocido como “B 95”. Esta ave fue anillado en 1995 por la licenciada Patricia González, científica de San Antonio Oeste, Río Negro. Desde entonces, este “frágil” pajarillo ha sido avistado varias veces en su ruta migratoria y se ha podido determinar que en sus más de 20 años de vida, sumando todos los kilómetros que recorrió (se calcula que más de 550.000), supera la distancia que separa la Tierra de la Luna (384.400), por lo que se lo ha bautizado como el “Ave de la luna”.

¿Cómo es posible, se preguntarán, conocer la ruta de un solo individuo de una especie? Una de las técnicas más utilizadas es la del anillado, que además supone una mínima intervención sobre el ave sin dañarla.

El anillado es un método comprobado para el marcaje y estudio de una muestra selecta de aves cuando, de otra forma, los científicos no podrían encontrar o distinguir a los miembros de un grupo entero.

La captura y marca de las aves para su estudio permite examinar de cerca las aves vivas, siendo frecuentemente la única forma de determinar el sexo, edad, raza y condiciones reproductivas. Debido a que muchos miembros de especies de aves playeras aparecen engañosamente similares al ojo humano, el anillado permite distinguir a los individuos del montón.

Una vez que se han llevado a cabo el anillado y observaciones en varias partes del mundo, puede obtenerse información fundamental acerca de rutas migratorias, destino y comportamiento de una especie. Por esto, el anillado de individuos es una de las herramientas más importantes para estudiar muchos aspectos sobre el comportamiento y biología de las aves en su hábitat natural.

Conocer más acerca de ellas permite también planificar mejor las estrategias para su conservación. Estos procedimientos no sólo sirven para su estudio sino que también enlazan y unen a personas de todo el mundo que están dispuestas a trabajar para que sigan  volando, dada la drástica disminución de sus poblaciones producto del impacto ambiental de las actividades humanas sobre los sitios que utilizan como escalas en sus enormes vuelos.

Cuando se captura un  individuo se registra cuándo y dónde se lo hizo, además de otras observaciones como sexo y edad. Luego, antes de su liberación, se procede al anillado  señalado con un número único en el mundo y, si llega a ser capturado otra vez por redes dispuestas para ello o por un cazador, su número y toda la información original conocida sobre ese pájaro puede ser recuperada y comparada con los datos actuales, lo cual indicará qué tan lejos ha viajado el ave o cuánto tiempo ha vivido. También se hace marcaje con anillos de distintos colores o geolocalizadores satelitales.

Anillados en Patagonia

En los años ’70, Mauricio Rumboll, el descubridor del macá tobiano, realizó junto a otros científicos y colaboradores, cuatro campañas de un mes para acollarar y anillar pichones y adultos de cauquén común y cauquén real. Estas campañas de verano se complementaron con viajes de seguimiento de los ejemplares marcados durante su migración y su asentamiento en las zonas de invernada, junto con observaciones para estudiar el impacto del pastoreo de las aves en esas zonas.

Como resultado del anillado y marcado de cauquenes, se pudo tener un mejor conocimiento de sus rutas migratorias, del bajo impacto que produce el pastoreo y de las equivocadas prácticas de los productores para evitar la permanencia de las aves en sus campos.

Por otra parte, el Proyecto Macá Tobiano, que llevan adelante las ong´s Asociación Ambiente Sur y Aves Argentinas, desarrolla cada  temporada acciones de conservación e investigación para asegurar el éxito reproductivo de esta especie en peligro crítico de extinción, en las lagunas de las estepas del noroeste provincial. Los primeros individuos fueron anillados en la temporada 2011-2012 en la laguna El Cervecero y hasta la fecha se han anillado 75 ejemplares. 

En la última campaña se anillaron individuos de macá tobiano utilizando anillos plásticos y numerados colocando 12 anillos verdes en la meseta del Lago Strobel y 10 anillos blancos en la meseta de la Siberia. En esta temporada 2017-2018 se detectaron 29 individuos anillados en campañas previas. 

El principal objetivo de los científicos es descubrir el patrón migratorio del macá tobiano, dada la necesidad de conocer aspectos aún desconocidos de esta especie, ya que estos datos podrían estar ocultando amenazas cruciales para su conservación.

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